¿Existe la Tecnofobia docente?


smart aula interactiva 2010

Llevo años trabajando en el aula con diferentes estrategias educativas con el objetivo de lograr un mayor aprendizaje de los alumnos, aprendizaje de vida y conectado a sus habilidades y motivaciones.

En esa búsqueda encontré en la tecnología aplicada en el aula, un tremendo facilitador de la comunicación no solo con los niños, también sus padres y el resto de la comunidad docente.

A su vez, mejoró la motivación y la participación y con ello el rendimiento académico, fortaleciendo sus competencias naturales y la generación de caminos futuros.

Cada año, más alumnos lograron egresar con emprendimientos digitales, desarrollándolos a la par de su carreras universitarias.

De la experiencia aula existió un solo paso a compartir con mis pares las experiencias, positivas y también las negativas, de este camino de grandes satisfacciones.

A la fecha van más de 2.000 profesores con lo que he compartido horas de trabajo colaborativo y donde logré reconocer ideas centrales.

Primero existe un interés creciente por aplicar la tecnología en el aula y un porcentaje mayor al 40% lograba generar de manera autónoma espacios donde la tecnología lograba un mayor aprendizaje de sus alumnos.

Segundo, crear estos desafíos, implicaba restar tiempo, al ya ínfimo que poseen. Con 44 horas semanales y solo 2 de preparación material, corrección evaluaciones significó restar tiempo a la familia, los fines de semana.

Tercero, la mayoría lo hizo a partir de aprendizajes individuales, apartados de las “charlas” o “seminarios” obligatorios impartidos por expertos que al usar nomenclatura alejada del aula entregaban información no aplicable o peor, generaban una aversión a la tecnología, la famosa Tecnofobia.

Cuarto, un porcentaje creciente aprendía de sus alumnos, quienes estaban ávidos de compartir sus conocimientos, productos de horas y horas conectados.

Quinto, las mejores propuestas nacieron de la unión de los intereses/conocimientos de alumnos y profesores. Usar plataformas desconocidas por los niños y jóvenes llevo a fracaso inmediato, sin embargo las que nacieron por consenso lograron los resultados esperados, participación y colaboración continua.

Sexto, los mejores espacios para crear existieron cuando la Institución Educativa daba la oportunidad de crecer en comunidad y compartir lo aplicado.

“De profesores y para profesores”, instancia, donde las clases se paralizaban por un día o más y los docentes pasaban a convertirse en alumnos de sus pares, fortaleciendo la comunidad educativa.

Séptimo, la tecnología fluía cada vez que exista compromiso, espacio y el apoyo directo y real al profesor aula. Un coaching continuo y permanente, validando su voz y experticia, generando el espacio para ocupar el liderazgo que le pertenece.

¿Existe Tecnofobia Docente? Sí, cuando la tecnología se impone sin conocimiento de la realidad aula.

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