Comprendiendo al Huérfano Digital Capítulo I


 

Capitulo 1:  Los Huérfanos Digitales

Desde que nacen, sus padres los exponen en las redes sociales, ecografías pululan desde los primeros días publicando desde el momento de su nacimiento hasta posterior crecimiento en tiempo real, trasmitido online a familia, amigos y desconocidos.

Desde sus primeros días, la vida real y  virtual pasan a ser una sola, de ahí que adquieran vicios y virtudes que los acompañaran toda la vida y que  aprenden a temprana edad. En medio de una absoluta Orfandad Digital, pues ni padres ni profesores logran conocer las herramientas digitales que ellos manejan a la perfección.

Lo preocupante es la falta de una política compartida por el mundo adulto para acompañarlos en su crecimiento digital, de tal manera que logren fortalecer sus habilidades y competencias naturales y a la par puedan crecer y desarrollar una Inteligencia Emocional, que les permita mantener en el mundo digital códigos de comunicación, respeto y validación mutua, sin separar el mundo real del virtual.

El manejo tecnológico les da una soberbia que los hace creer que no necesitan la tutoría del mundo adulto, lo que los lleva de manera, muchas veces, arrojada, a generar espacios donde no suman experiencias positivas ni tampoco logran aprovechar las oportunidades que les brinda el mundo del siglo XXI.

En la medida que pasan los años, este manejo tecnológico los aleja de aprendizajes absolutamente necesarios, tomándose licencias que en el mundo real nunca harían o al ser detectadas, serían corregidas.

La soledad absoluta en la que se encuentran les permite vivir experiencias para las que no se encuentran preparados o que les impactarán irremediablemente en la formación o deformación de su personalidad.

Estas vidas paralelas, la real y la virtual, también son compartidas por el mundo adulto. Pues las habilidades emocionales y las competencias necesarias para interactuar en la vida digital nunca fueron transmitidas, a las generaciones anteriores ni a las actuales.

De tal manera que el desafío es gigante, las familias y el sistema escolar debe acompañar en su aprendizaje a niños en espacios absolutamente distintos a los que los estamos  acostumbrados.

Sin duda, el área donde están más abandonados y no encuentran solución en el mundo tecnológico es en la incapacidad de poder  validar la fuente de la información. Para ellos toda información puede sonar bien, aunque sea aberrantemente inexacta. Este es una de las áreas que sin duda es parte de las capacidades que los adultos debemos guiar y asumir como propias. Con nuevos códigos comunicacionales que acorten la brecha digital. Acá es donde se junta el mejor de los incentivos docentes,  la lectura y la cultura.

Estamos a tiempo de acompañar a los “Hijos de la Tecnología” en un camino de oportunidades y desafíos.

Esto propone este libro, una posibilidad entre de miles para lograr que nuestros niños y jóvenes aprovechen una de las eras más fértiles y complejas de nuestra Historia.

 

– Noches que son días:

Si preguntáramos a  jóvenes y niños, cuantas veces en la semana, restaron horas al sueño para comunicarse con sus amigos, intercambiar imágenes y conocer que es lo que pasa en la nube. Más del 80% lo vivió, al menos, 2 días a la semana.

En el último tiempo las horas promedio que permanecen conectados, aumentaron al doble. Fue imposible substraerse a la vorágine de información que sus compañeros publican; las fiestas, noticias, copuchas, videos, juegos, hobbies,  todo se une en el mismo espacio y cómo no hacerlo si cada día la web suma nuevas aplicaciones que posibilita conectividad y diversión instantánea.

Acostumbrados a dormir con el celular bajo la almohada, atentos a su vibración a la luz, el dormitar es consecuencia lógica. No logran un sueño reparador, ni descansar lo suficiente. Por ende, la concentración al día siguiente es mínima, a pesar de sus esfuerzos, el sueño los vence y su celular sigue en el bolsillo, la camisa o el pantalón.

Sus resultados académicos se ven resentidos, van a la baja, porque no le encuentran sentido a lo que les enseñan.

El mundo digital lo seduce, por su capacidad de cambio, las novedades que le permiten informarse, investigar, compartir, crear, jugar entretenerse. Pueden pasar horas eternas  sin descansar ni siquiera pestañar.

El mundo tradicional los aburre, lo encuentran monótono, lento, con elementos que puede encontrar con suma facilidad y de manera autónoma a un simple “clic”. Cree que puede prescindir de los códigos de la comunicación tradicional o simplemente burlarla. Muchas veces no toman en cuenta lo que les enseña el profesor, llegan a casa e investigan en la web, de alguna forma cumplen con la malla académica pero esa no es la idea ni la forma.

En sus primeros  años no tienen la capacidad para reflexionar, actúan de manera  natural, siguiendo sus instintos y lo que les satisface o hace feliz. Idealizan el mundo digital, como fuente de diversión, crecimiento personal y terreno de oportunidades.

Lo han visto en hermanos mayores o se lo han contado, no es necesario seguir el camino largo y de esfuerzo, que sus padres experimentaron. La vía del sacrificio personal no es la que esperan, pues ven en su entorno inmediato, que se puede ser famoso, ganar dinero, posicionarse con sólo una dosis de suerte, creatividad u oportunismo.

De ahí que no estar conectado tienen un alto costo, por lo menos para su futuro inmediato. Esto lo lleva a estar en la mayor cantidad de redes sociales, Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Whatsapp, y estar atento a las nuevas versiones, actualizaciones o cualquier herramienta digital que este de moda. Estar al día en el mundo de la web es fundamental de otra manera queda excluido de su comunidad.

El sentido de pertenencia para los niños es existencial, es un “leit motiv”, lo que le llevará a estar siempre hiper-conectado. De ahí la dificultad que significa para él, las eternas horas del colegio, donde la extensión de su brazo, su celular, permanece guardado o requisado.

Los recreos o idas al baño  son los momentos, para que de manera desesperada se conecten, saber que está pasando y opinar sobre ello. No hacerlo es quedar excluido y fuera de circulación, lo que lo deja sin temas de conversación ni dialogo con sus pares.

Si posee una fuerte personalidad, decidida, puede importarle poco, pero si es tímido y si valora su grupo de amigos, hará lo posible por estar a la altura. Detrás de una pantalla un tímido se confunde y renace ese “otro Yo”.  De ahí la importancia de apoyarlo, el espacio virtual le da la oportunidad para crear un alter ego, donde el anonimato le permite generar espacios para tener una personalidad distinta a la que  expresa diariamente en su vida real.

Esta doble personalidad, la mayoría de las veces tímido en el mundo real e intrépido, osado y agresivo en el mundo digital, es vista de manera perpleja por el mundo adulto, pues no reconocen o minimizan el potencial de un espacio que para ellos es desconocido.

El mundo digital impacta sobre la personalidad y las relaciones sociales que tienen los niños y jóvenes, abre espacios y cierra otros.

Dormir pocas horas es hoy el impacto que las viejas generaciones percibimos de este fenómeno, totalmente distinto a lo que las nuevas generaciones le dan a estar conectado. Darles espacio y  educarles en el correcto uso de su tiempo es el gran replanteamiento que debemos considerar con re-ingenierías adecuadas.

Dormir, desconectarse, establecer acuerdos consensuados no impuestos, tales como incentivar el “modo avión” para tiempos esenciales de su entorno familiar y educacional, es muy importante.

Valorar el espacio de relajo y renovar energías es fundamental para los niños y jóvenes; generar el espacio desde los primeros años es vital.

¿De que otra manera podrán responder a un mundo altamente exigente y cambiante?

 

– Si no estoy en el mundo digital, no existo:

 

Probablemente uno de los mayores miedos del mundo adulto, padres y profesores, es la facilidad con que los niños exponen sus vidas, actividades y hobbies, personales, familiares, de su grupo de amigos, conocidos, desconocidos, sin muchas veces internalizar los costos de compartir imágenes que puedan deteriorar su imagen y la de sus seres queridos, sin filtro alguno.

Basta sólo ver las fotografías que se publican, que se adjuntan y viralizan cada minuto en el mundo de las redes sociales o en la web.

¿Cómo se explica esta impulsividad  por publicar lo inimaginable?

Es una mezcla de la necesidad de ser reconocido y la absoluta falta de  códigos, estándares, filtros de qué y cómo comunicar  a la hora de compartir imágenes personales.  Desde que nacen están expuestos por sus padres, por ende, para ellos es natural compartir imágenes, como alguna vez sus padres y  abuelos lo hicieron con fotografías. La tremenda diferencia es que el alcance es distinto al que éstas tienen en el mundo análogo.

El celular es su arma de posicionamiento y reconocimiento social, de ahí que es absolutamente normal, que frente a un hecho, acto o situación, lo primero que hagan es inmortalizarlo (sacar imagen, video), publicarlo y compartirlo.

Si pueden, generan imágenes que se borran a los pocos segundos y las pueden transformar, que para ellos es  alcanzar  el cielo, basta ver el éxito de “Snap-Chats” o “memes” entre jóvenes y adultos. El placer de capturar imágenes divertidas, chistosas, bizarras, inéditas, es exponencial al número de personas que verán o compartirá  lo creado.

Lo complejo de esta sobre exposición diaria es que cada vez más, se hace sin el conocimiento de los involucrados, sin tener conciencia hacia donde se puede dirigir y por quien será vista o utilizada.

Encontrar  fotos o videos en sitios pornográficos, pareciera extremo pero no lo es, también páginas de citas, de bromas, con un costo emocional y personal incalculable. Tienen la falsa idea de que se puede borrar lo que nos perjudica, daña o expone, cuando un simple pantallazo puede hacer inmortal lo que creíamos finito.

Paralelo a ello, le hacen el trabajo muy sencillo a los amigos de lo ajeno, publicando el interior de la casa, dirección, incluso hasta el estado del hogar: “Estamos de vacaciones” “Nos fuimos al sur por un mes”, son verdaderos indicadores para los que se han encontrado en el “Cyber-crimen” un espacio para generar nuevos robos o estafas.

Sin querer ni comprender el alcance, los niños y jóvenes exponen a sus padres, amigos, profesores, colegios, hogares. No se internaliza los costos porque sus padres, hijos de un sistema distinto, no lo han asumido ni fueron “formados” para ello.

De ahí la titánica tarea de hacerlos comprender que no todo es publicable ni compartible. En parte, esto forma parte de la enorme tarea pedagógica de guiarlos y darles valores en la validación de la fuente de la información.

En la medida que a temprana edad sean Red-Educados, podrán proteger sus vidas personales, valorando su mundo privado y respetando el que hacen en su entorno.

 

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