El aula en el siglo XXI


 

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Una de las grandes dificultades que los docentes tienen en la actualidad es la radical trasformación que vive el aula en la era digital.

Formados desde las Universidades tal como se haría en el siglo XIX mantienen sin alteración mallas curriculares desde hace más de 20 años, egresando preparados para un alumno que ya no existe. Que piensa, crea, comparte de una manera absolutamente diferente.

El primer choque lo vivirán al ingresar al aula, cuando encuentren alumnos que conocerán más de su vida virtual de la que ellos desearían. Hábiles navegadores, al relacionarse con una persona suelen investigar en redes sociales lo que se dice de ellas, buscando imágenes, contactos, amistades, lo que será rápidamente viralizado.

El segundo gran desfase lo experimentarán al momento de impartir, contenidos obligatorios de la malla curricular, los que paradójicamente, sus alumnos encontrarán a un simple googleo. Difícil escenario para un profesor formado bajo un paradigma anacrónico donde el manejo de información era una de sus ventajas comparativas. Ahora tiene frente así un niño que accede a una fuente sin límite de saber, donde encuentra todo lo que le interesa, bajo formatos entretenidos, dinámicos y en continuo movimiento.

De ahí, que cuestionarán todo aquello que no les signifique un aporte y que puedan encontrar de manera autónoma, criticando la validez del aprendizaje escolar.

El tercer gran dilema será acostumbrarse al dialogo continuo, validando las acciones y decisiones de manera colectiva, toda vez que sin importar el escenario, el cuestionamiento será permanente. La permanencia de los niños y jóvenes, en el mundo digital, ha transformado la manera de tomar decisiones y estará en todo momento deseando no sólo participar sino que decodificar y co crear el aprendizaje del que se siente protagonista.

Su mundo está en continuo movimiento y necesita estar al tanto de lo que sucede, los smartphones y tablets son sus aliados permanentes y no comprende la razón del por qué no puede aprender en su espacio natural, porque debe pasar horas aprendiendo lo que no utilizará ni cree puede serle útil.

Compara el mundo tradicional educativo con el que le ofrece la era digital y siempre el primero saldrá menos favorecido.

Tremendo desafío adecuarse a un mundo en cambio diario. Donde ni las mallas curriculares, ni las evaluaciones tienen relación con los intereses y motivaciones del escolar del siglo XXI.

¿Qué hacer frente a este escenario?

Competir con el mundo tecnológico es un camino inútil, creer que resuelve todo también, pero incorporarla generando un espacio de crecimiento colaborativo, donde el profesor aula se convierte en un coaching y logra motivar, inspirar para que cada uno de sus alumnos desarrolle sus habilidades, competencias de acuerdo a sus intereses, sí.

La era digital amplio los límites de la sala de clases, llegó el momento de como dice Eduard Punset, disfrutar la magia de la era de las oportunidades y generar un espacio educativo donde el mundo tradicional y digital se nutran mutuamente.

Se puede, sólo se requiere de voluntad, perder el miedo a permanecer en el espacio cómodo e innovar.

¡ Los más agradecidos serán nuestros alumnos!

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