Pedagogía del amor. Vocación de Maestro


profeliz

Hace días una querida ex alumna, preguntaba ¿qué necesitaba para ser una buena profesora?

 Conocimientos, perfeccionamiento continuo, evaluación y monitoreo  de su trabajo, estrategias innovadoras, que más.

La respuesta fue inmediata, amar profundamente lo que serás y tener la convicción que es una elección pensada con la razón y con el corazón. Una elección de vida.

Explayándome le comente, que:

Debía tener  una gran capacidad y apertura a la crítica, pues todos le darán cátedra de cómo educar y enseñar. No existe otra profesión en la que todas las personas  se sientan expertas, muchos nunca habiendo enseñado y menos estado en una sala de clases.

Entender que estará en una vitrina pública todos los días de su vida. Más en época de redes  sociales. Sus alumnos navegarán buscando información sobre su  persona, fotografías donde esté atachada, en que cree, participa, apoya y de que opina. En la era digital, la exposición es exponencial, de ahí que si elige  ser profesor, miles de ojos estarán observándola en la vida real y sobre todo, en la  virtual.

Perfeccionarse continuamente,  es una profesión que siempre se está aprendiendo, por ende hay que estar actualizándose, no existe mayor autoridad, que la admiración que un alumno siente por su maestro. Pero no sólo saber que enseñar, saber también cómo enseñar.

De ahí que sea fundamental, elegir las estrategias adecuadas, educar en el espacio natural que los alumnos existen. Educar en redes, colonizarlas, ingresar con confianza al mundo virtual, generando una comunicación fluida, respetuosa y de validación mutua con nuestros alumnos.

Reconocer que nuestros niños y jóvenes son universos, únicos, irrepetibles y que merecen ser escuchados, empoderados, con las herramientas y capacidades para ser exitosos en las metas que se propongan. No existen flojos, existen desmotivados.

Entregar espacio a los padres, que sólo desean lo mejor para sus hijos y están dispuestos por ello a los mayores sacrificios. Otorgarles herramientas para aportar y responsabilizase de una comunidad educativa a la que pertenecen.

Mantener siempre la fortaleza y la capacidad de entender que los frutos de nuestra labor no se ven a largo plazo, que la más de las veces, pasarán años antes de visualizarlos. Que existirán días grises, agotadores, donde no existirán fines de semana y en que todo estará cuesta arriba.

Y en eso momentos recomiendo recordar porque eligió ser maestra, rememorar momentos de alegrías, el triunfo de un alumno, la alegría del que logro superarse, la felicidad en el rostro de un padre y una madre.

Son los regalos del alma que hacen a fin de cuentas, levantarse con alegría cada mañana, aun cuando haya pasado toda la noche corrigiendo.

Trabajar con niños  hace que siempre veamos  el vaso medio lleno, nunca perdamos la esperanza.

Es la mejor de todas las elecciones,  ser maestra  de vida.

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