Calidad Educativa: la gran ausente del debate actual


 

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Desde hace unos meses, tras el arduo esfuerzo de los movimientos sociales en Chile, se inicio un cuestionamiento profundo a la Educación que nuestros alumnos reciben.

Cuestionamiento que propone como objetivo de cambio final , “gratuidad en la Educación” y “calidad en el proceso aprendizaje”.

Sin bien el primero es sujeto de debate ideológico, el segundo queda relegado al debate de “expertos educativos” que tienen poca o nula experiencia en la sala de clases, por ende sus aporte son limitados o relacionados a realidades extranjeras exitosas. Modelo finlandés, japonés, coreano son sólo alguno de los nombrados continuamente, sin embargo caen en la misma falacia que históricamente nos acompaña, la imposibilidad de aplicar un modelo externo  en nuestra realidad inmediata.

Si hablamos de calidad, debemos partir por un diagnóstico de nuestras falencias, errores y virtudes.

Analizando la preparación que las Universidades hacen de los futuros educadores, la experticia con que nacen al mundo laboral, lo que les espera y los alumnos a quienes deberán acompañar en su proceso aprendizaje.

¿Están las mallas curriculares adaptadas al “nuevo alumno” que deberá enfrentar? El hijo de la tecnología es inquieto, autónomo, independiente y profundamente critico.

¿Existe relación entre las prácticas pedagógicas que el futuro educador experimenta y la realidad que lo espera en la sala de clases? ¿Tendrá a su disposición horas de acompañamiento y preparación de material pedagógico en su jornada laboral? Como hacen los educadores japoneses.

¿Existirá un perfeccionamiento continuo, que evalué al menos 3 veces al docente a lo largo del año y que le signifique, metas personales y objetivos a corto, mediano y largo plazo? Como en el modelo finlandés.

¿Tendrá al docente un apoyo continuo que le permita educar a los alumnos con “necesidades pedagógicas especiales” , como sucede en el modelo finlandés, donde los alumnos que no logran las metas de aprendizaje son apoyados por profesionales en la misma jornada de estudio, de tal manera que al lograr los aprendizajes esperados vuelven a sus salas de clases.

¿Existe un plan de contenidos y objetivos de aprendizaje que nace de la comunidad docente? Como sucede en Nueva Zelanda. Donde fueron los profesores quienes validaron los contenidos a impartir.

¿Nuestros docentes poseen una carrera docente que les permite ser respetados, avalados por la sociedad, sabiendo que a futuro podrán jubilar y vivir como merecen años de esfuerzo y dedicación?

La respuesta a las dudas anteriores, es un rotundo “NO”, no existe la voluntad real en el debate actual, para lograr un cambio de paradigma educativo ni menos potenciar la calidad de nuestro trabajo docente.

Sólo “expertos” que desde el limbo dictan cátedra de que hacer y como hacerlo, sin embargo los que viven los “horrores” y “errores” son las generaciones de niños y jóvenes que reciben una Educación que no les permitirá responder a las demandas futuras y perpetuarán el estado desigual de las cosas.

¿ Y cuando debatimos de calidad educativa?

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