¿Y quien salva a la Educación Pública?


Todos los días escucho en los medios a políticos, analistas, expertos en educación, proclamar que “la toma”  aniquila la Educación Pública. Que duda cabe que aumenta la migración de alumnos, quién puede negar que existe deterioro de material educativo, pérdidas económicas, etc. etc.

Todos los días leo verdaderas catedras que intentan entregar soluciones, “recetas mágicas”,  traer modelos exitosos en el exterior (como si fuera la primera vez que aplicamos ideas foráneas), publican datos catastróficos;  porcentaje de alumnos que repiten, porcentaje de quienes no entienden lo que lee, porcentajes y porcentajes que dependen de la lectura que se haga, de quien las publicita el impacto que tendrán en el medio.

Existe tanta polémica por el estado actual de la Educación Pública que uno se pregunta  ¿si es en el 2012 cuando partió el problema?  Obviamente no es así, estamos en la etapa terminal de un proceso deterioro que lleva décadas de abandono ¿Qué hicieron las autoridades educativas chilenas los últimos años para fortalecer la Educación Pública? ¿Qué medidas exitosas fueron implementadas?  Si somos tan eficientes para generar diagnóstico, ¿por qué  somos incapaces de crear soluciones a los problemas que detectamos?

Porque no existe voluntad real de fortalecer, proteger, potenciar la Educación Pública, porque  nunca existió, desde que se instauró la Educación Particular Subvencionada, los docentes, apoderados, alumnos iniciaron la migración hacia ellos. Desde que se aceptó que “el lucro” no fue nunca tema de discusión y que para aumentar la cobertura del sistema educativo, era necesario “transar con el mercado “se inicio un incentivo perverso, que se desarrollo con fuerza en las últimas décadas y que se incluso fortaleció en gobiernos que se decían anti capitalistas, pero que en la realidad dieron cátedra de como usufructuar de él.

Pero más allá del lamento y las culpas compartidas,  nace la pregunta obvia: ¿Que podemos hacer por la Educación Pública? Todo, todo podemos hacer por ella.

Primero se debe generar una política educativa pública a largo plazo, independiente de quien gobierne, con objetivos compartidos por todos los actores educativos, internalizados y reconocidos por todos.

Segundo, debe atraerse al sistema público los mejores educadores, potenciando incentivos que hagan que sea atractivos para los educadores entrar y  permanecer en el sistema.

Tercero: permitir que en cada unidad educativa, liceo exista un proyecto educativo compartido por todos, donde cada uno de los profesores posea la posibilidad de innovar, generar instancias de participación y toma de decisiones compartidas.

Cuarto: Potenciar espacios de realización educativa para los docentes, con perfeccionamiento continuo, apoyo en recursos pedagógicos, rentas acordes a los desafíos, pasantías que permitan conocer otras realidades.

Existen muchas otras instancias, sin embargo debemos partir por las que afectan directamente a los docentes, un buen profesor no solo educa, forma y entrega las competencias que permitan a los alumnos desarrollar sus habilidades innatas.

Estudie los primeros años de mi vida escolar en una Escuela Básica Pública en  Limache que ya no existe, tuve a tan buenos profesores que marcaron mi existencia que al optar por una carrera universitaria sabia lo que deseaba ser , cada vez que puedo,  vuelvo a visitarlos y siento la misma admiración, cariño que sentía cuando era niña.

Por ende tengo muy clara la respuesta a la pregunta inicial:

¿Quién puede salvar la Educación Pública? Todos, es un deber moral.

 

 

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