“El Poder de una Sonrisa”


 

Todos los años recibo alumnos en práctica, futuros profesores que tienen la gran experiencia de hacer sus teorías realidad y siempre a lo largo de los meses de mutuo apoyo, nace la gran pregunta ¿Que consejos les daría como profesora, que lleva años educando?

La respuesta es bien sencilla, sonríe, cuando entres a la sala de clases, cuando saludes a los alumnos, cuando lo encuentres en los pasillos del colegio, bueno en todo momento. SONRIE.

Siempre mis profes-alumnos cuestionan la respuesta, pues se preguntan porque no mencione preparación, uso de tecnología, dominio de contenidos, etc.

Bueno, sonreír, es la más simple de los actos educativos y encierra tantas acciones:

Primero ser feliz con lo que uno hace, con el trabajo diario, la mayoría sino todos los profesores que conozco trabajan por vocación, porque les interesa realmente educar más allá de conocimientos, de los contenidos, impartir esperanza, motivar a desarrollar todos y cada las habilidades de nuestros alumnos.

Segundo, sonreír es parte de creer, creer en ellos, en sus sueños, el poder de esperar lo mejor de  nuestros alumnos es una puerta mágica que abre los corazones más duros o de aquellos que peores experiencias han tenido, los motiva a dar lo mejor de sí, dar lo mejor por si mismo y por quién cree en ellos.

Tercero: Sonreír debe siempre ir acompañado de un Buenos Días Maca! ( el nombre de tu alumno) Un saludo personalizado, que personalmente acompaño en Facebook o en Twitter, o en la red social que desees, con una carita feliz, este simple acto encierra una identificación que los alumnos agradecen y valoran.

Cuarto: Una sonrisa crea un ambiente de cariño mutuo, que lleva al respeto y a la disciplina necesaria para aprender, a lo largo de los años he practicado la disciplina del amor, siempre con excelentes resultados, amor que va acompañado de alegrías, risas, complicidad.

Hacer de la clase un acto mágico, donde el tiempo se pase volando, donde la creatividad, la diversidad, innovación tengan espacio, entregar mucho más de lo que los niños y jóvenes puedan encontrar en internet, compartir valores, sueños, principios, anhelos, incluso dolores.

Hace muchos años, tuve una alumna que siempre recuerdo, le toco una vida difícil de grandes dolores, nunca dejó de ir a clases, supongo era su “isla”, al egresar me abrazo y me dijo “No sabes lo importante que era para mí, verte sonreír cada mañana”.

Más allá de la tecnología, más allá de Internet, de las redes sociales, el acto de educar, debe ser un acto mágico, cuyas enseñanzas perduren siempre en un rincón del alma.

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